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La Bala, de Carlos Iglesias: directa al corazón de la memoria histórica
Carlos, ¿conoces la revista Carta de España?
Sí, la conozco, desde hace muchos años, además. He tenido muchos ejemplares en mis manos y han hablado de mis trabajos anteriores: Un Franco, 14 pesetas, también de 2 Francos, 40 pesetas.
¿Quién es Carlos Iglesias?
Pues es un actor al que en un momento determinado le obligaron a ser director y a partir de ahí, pues ya no quiere dejar de ser director y ese es el mayor hándicap que tiene. Porque en este país intentar levantar un proyecto de cine es de una dificultad enorme, enorme.
Además de director, eres guionista; será que tienes muchas historias que contar, ¿no?
Sí, tengo historias que contar, pero la verdad es que no me queda tiempo. Por la edad que tengo, yo creo que tenía que haber empezado con 10 años para poder contar las historias que me gustaría y que, obviamente, viendo lo que se tarda —estamos hablando de que yo, como media, tardo de 4 a 5 años. Ya me dirás, esto es una ruina.
Háblame de tu último proyecto, La Bala.
La Bala es, si nos quedamos en la primera capa, un thriller de investigación, que ocurre en el presente sobre algo del pasado. Pero después, profundizando un poquito más, habla sobre todo de la memoria histórica de nuestro país. Igual que mi película Un Franco, 14 pesetas, que habla sobre la migración, o Ispansi, que habla sobre los niños de la guerra, en esta hablo, desde distintos ángulos, de las fosas comunes que tenemos en España. Somos el país de las 6.000 fosas y es tremendo porque no se pueden recorrer 50 km en ninguna dirección sin encontrarse con una fosa común. Y eso es una vergüenza a todos los niveles porque somos el único país del mundo que a día de hoy está en esas circunstancias. Se estima que hay más de 160.000 cuerpos todavía por desenterrar. Retratamos el punto de vista del que se niega a ver esa realidad y la conciencia del resto. El autor, obviamente, cree que es necesario devolver la dignidad a las personas enterradas.
Hay fosas que todavía se desconocen y que pueden descubrirse aún.
Sí. Yo acabo de venir de un pueblo, donde, al terminar el coloquio, vino un campesino que me dijo que no hay trimestre en que, arando, no se encuentre con un cráneo con un impacto de bala. Al contarlo, le han dicho directamente que lo tape y siga arando. Es una barbaridad; a día de hoy parece hasta mentira.
La película está teniendo una gran acogida de público.
Una acogida maravillosa e impresionante. Tengo muy reciente un pase con 400 espectadores, y los 400 se quedaron al coloquio posterior. Y fue interesantísimo. Estuvimos una hora hablando, todo el mundo participaba y estaban encantados. La verdad es que el público adora la película. Vienen incluso de distintas ideologías, que eso es lo que ya me llama mucho la atención, ¿no? Y ambas agradecen la película. Parte del guion refleja la historia personal de los hermanos Garrido, que fueron a recuperar el cadáver de su tío muerto en Rusia en la Segunda Guerra Mundial. Había sido divisionario y lo mataron en el año 42 y, desde entonces, han recuperado más de cincuenta cuerpos. Empezamos hablando de esa memoria, para después entroncar con la otra.
Y es una historia real, como dices.
Absolutamente. Los hermanos Garridos son íntimos amigos míos. Yo los conocí gracias a la película de Ispansi, y la embajada rusa hizo una recepción y ahí se presentaron ellos. Y cuando les pregunté qué tenían que ver con Rusia, me dijeron que habían ido a Rusia a recuperar el cadáver. Desde entonces han hecho 25 viajes más a Rusia para recuperar cuerpos. Ellos me enseñaron la bala que quedó alojada en la cadera de su tío y ahí se me ocurrió la historia que quería contar.
Entonces no solo hay españoles enterrados en España, sino que también los hay en otras partes del mundo.
Sí, aunque ambos casos no son equiparables, porque no cabe duda de que es cierto que los divisionarios eran soldados armados que iban a una guerra y que los podían matar o matar ellos. Pero aquel campesino castellano al que le pegaron un tiro en cualquier parte de este país y le dejaron tirado en una cuneta, obviamente no tenía forma de defenderse. O sea, que no estamos hablando de los mismos muertos, aunque para mí es maravilloso el gesto de los hermanos Garrido, obviamente.
El casting de la película es realmente impresionante: Silvia Marsó, Miguel Rellán, Carlos Hipólito, Roberto Álvarez, Mario Zorrilla, Luisa Gavasa.
Bueno, cuando se tiene poco presupuesto y se sabe que la distribución va a ser muy compleja porque no tienes dinero para publicitarte, si es posible, y en este caso lo ha sido, debes rodearte de figuras que de alguna forma te faciliten dar a conocer la película. Por otro lado, quería gente muy solvente, porque al tener poco presupuesto, el rodaje se tenía que concentrar en el menor tiempo posible y, teniendo a gente muy solvente, las tomas se conseguían a la primera, o casi. De media, creo que hemos tenido dos tomas por secuencia, dos o tres. Con gente que ha hecho mucho cine y que incluso saben más que el autor, pues entonces es más sencillo; aparte de que son grandes amigos. A Miguel Reyán, por ejemplo, no le conocía en persona, pero le llamé para hacer la película y le dije: "Mira, lee el guion y después hablamos. Hay mucha gente que se ha enganchado gracias al guion, a pesar de poder pagarle tanto como está acostumbrado. Al poco tiempo me llamó y me dijo: "Lo he leído. Si me sacas de este proyecto, te mato." Los únicos que no hemos cobrado hemos sido el productor y yo (risas). Tuvimos que arriesgarnos a hacerla sin nuestro sueldo, porque si no, con el presupuesto tan justito que teníamos, la película no salía. Aunque cobraremos, en algún momento.
La película se estrenó ya hace unos meses y, sin embargo, sigue habiendo oportunidades de verla en cines.
Sí, estamos intentando hacer algo muy especial, casi como hacer teatro, ¿no? Vamos a distintas capitales de provincia y en Madrid capital también, a los Cines Ideal, para hacer una presentación y la gente sale encantada. La mejor publicidad es el boca a boca. Lo malo es cuando tienes un boca a boca maravilloso, pero la gente no tiene donde verla, y eso nos ha ocurrido varias veces, pero seguimos en la lucha.

Cartel "La Bala"
Tener que desplazarte siempre de un sitio a otro es muy duro.
Claro, eso es durísimo y, además, no deja beneficio porque el gasto del viaje más una estancia de hotel y tal, ya te estás comiendo el poco beneficio que te podría dar una sala de 200 espectadores. Es un problema en todos los sentidos. Un Franco, 14 pesetas salió con 95 copias, Ispansi, con 89, incluso la Suite Nupcial, que es una película infinitamente más pequeña que ésta, salió con 46. En este caso, no hemos llegado a 23, entonces de cara a plataformas nos pasa factura. Pero, por lo menos, está RTVE detrás y ahí sí se verá. Y también en Castilla La Mancha TV y la plataforma Filmin, que tiene bastante prestigio, sobre todo en cine de autor. Disney también está interesada.
¿Qué planes tienes a corto o medio plazo?
Como se tarda tanto en levantar proyectos de cine, me he puesto con una obra de teatro que está congelada, por ahora, porque me da la sensación de estar traicionado La Bala, si me pongo con la obra. Pero en breve me pondré con ella.
Como Carta de España es una revista dirigida a temas de migración y de españoles por el mundo, recordemos tu pasado de migrante en Suiza.
Como hijo de migrante, tengo allí muy buenos amigos; con la embajada española en Berna, estamos intentando hacer una tournée por todas las capitales cantonales suizas para presentarle la película, obviamente, a los emigrantes españoles que quedan allí. También me hace mucha ilusión hacer lo mismo que con mis anteriores obras, con las que me recorrí los cines de verano, que en Suiza tienen mucho prestigio.
Y sigues yendo a Suiza con tanta frecuencia como cuando eras joven.
Siempre que puedo. La verdad es que sigue siendo como mi patria chica. Una parte de mi infancia o de mi vida quedó prendada de Suiza y de la forma de entender la vida que tienen allí. Siempre digo que es como la gente que es de pueblo y vuelve al pueblo y ahí se siente bien, ¿no? Hay una bocanada de aire fresco cada vez que voy a Suiza.
¿Y te gustaría volver a rodar allí de nuevo alguno de tus proyectos?
Sí, claro que me gustaría y tengo un proyecto maravilloso que es El secreto de Sara, que no pude levantar en su momento y que está ambientado justamente en los Alpes, en la frontera con Italia. Pero con tantas ilusiones, algunas te tienes que dejar en el tintero.
De la España a la que volviste, hasta ahora han cambiado muchas cosas. ¿Y de la Suiza de la que te fuiste han cambiado también muchas cosas?
Realmente, si hablamos de la zona donde yo me crié, ha cambiado poco. También es cierto que la llaman la Suiza profunda. Es la zona de Appenzell y Sankt Gallen, es muy tradicional, más campesina. Estéticamente se mantiene muy pura, que es lo que busco al rodar. Es muy sencillo rodar allí porque no tienes que tocar prácticamente nada de los decorados. Cuando hice Ispansi en el Jura, nos valía prácticamente todo. Y cuando Un Franco, mi director de fotografía, Tote Trena, decía que podía tirar la cámara al aire y todo le valía para la época.
Como se ve en tus películas, te fascina la historia, para recrearla en tus películas, tanto que, además, has vuelto a estudiar la carrera de Historia.
Sí, yo era muy mal estudiante en Bachillerato cuando volví de Suiza, por culpa del idioma, y tenía un rechazo visceral hacia el colegio, pero sacaba matrícula de honor en Historia y en Geografía. Desde pequeñín las historias me han gustado. Yo entiendo que la historia que cuenta la Historia como asignatura es espectacular: hay dramas, pasiones, amoríos, luchas, guerras, lo tiene todo y, en ese sentido, intento en mis películas contar algo que no se ha contado hasta ahora.
Por Sonia Martín
8M Españolas en el Exterior: Legado de fortaleza, identidad y futuro
Su experiencia también ha sido un pilar esencial de identidad. Allí donde se asentaron llevaron consigo la lengua, la cultura y los valores de nuestro país. Fueron creadoras de redes asociativas, guardianas de nuestras tradiciones, transmisoras de memoria a millones de descendientes que hoy siguen sintiendo un vínculo profundo con España gracias, en gran medida, a ellas. Su presencia silenciosa, a menudo invisibilizada en los relatos históricos, ha sido en realidad un motor imprescindible para mantener la cohesión de nuestras comunidades en el exterior.
En este recorrido histórico, merece especial mención el archivo fotográfico de Carta de España un fondo documental que conserva imágenes que dan rostro a estas trayectorias. En sus fotografías podemos ver a mujeres españolas en distintas épocas de emigración: jóvenes preparándose para embarcar hacia América, trabajadoras en fábricas europeas del siglo XX, mujeres liderando asociaciones culturales en comunidades españolas del exterior, o madres que sostuvieron a familias enteras en contextos de enorme dificultad.
Estas imágenes nos permiten no solo recordar, sino también reconocer su presencia, su esfuerzo y su impacto en la historia migratoria de España. Son un testimonio que pone en valor, humaniza y visibiliza su aportación, y nos ayuda a comprender mejor el alcance de su legado.
Las mujeres españolas que hoy viven fuera representan una nueva generación marcada por la movilidad, la formación, la apertura y la participación global. Son científicas, profesionales, artistas, emprendedoras, cuidadoras, estudiantes: mujeres que construyen puentes entre España y el mundo con una mirada cosmopolita y un compromiso activo con el progreso social.
Su aportación, dentro y fuera de nuestras fronteras, es una oportunidad extraordinaria para seguir fortaleciendo la presencia de España en el exterior y para promover una sociedad más justa, diversa e igualitaria.
Como Directora General de Ciudadanía Exterior, quiero expresar mi profundo reconocimiento a todas ellas. A las que abrieron camino en tiempos difíciles, y a las que hoy continúan ampliando horizontes. Su historia es parte esencial de nuestra historia colectiva. Su fuerza, parte de nuestra identidad. Y su impulso, sin duda, parte de nuestro futuro.
En este 8 de marzo, su ejemplo nos recuerda que la igualdad no solo se reivindica: también se construye, día a día, a través de vidas que cruzan fronteras con dignidad, coraje y determinación.
Elena Bernardo, Directora General de Ciudadanía en el Exterior y Políticas de Retorno.
"Tú eres del lugar donde te encuentres seguro"
En su faceta de escritor parece estar a la altura de sus propias aspiraciones -28 ensayos políticos y 4 novelas- Dejar testimonio de lo sucedido para que no se olvide. Que la memoria se perpetúe. Que sus libros sean una provocación al diálogo. Sin líneas a la indiferencia premeditada. “De hecho el que más famoso me hizo fue el de “La Santa Alianza” sobre la historia del espionaje vaticano. Se publicó en 42 países y 16 idiomas…y recogido en la biblioteca de la CIA”, desvela.
El 27 de agosto de 1792 el Times de Londres publicaba el siguiente anuncio: “Se busca urgentemente caballero capaz de traducir el idioma francés. Para evitar problemas, debe dominar a la perfección el idioma inglés, tener algún conocimiento del estado político de Europa y ser muy eficaz en el desempeño de su labor. Su trabajo será permanente y le ocupará buena parte de su atención. Por él recibirá un buen salario…..Así comenzaban a reclutar redactores para su sección de extranjero. ¿Cómo recuerdas tus inicios y en qué ha cambiado más la profesión?
Mi paso por las corresponsalías empezó en 1989 después de estar trabajando como jefe de prensa de Carlos Alcocer y Manuel Vargas Zúñiga en Construcciones y Contratas. Salí con una indemnización brutal y una clausula de confidencialidad que aún sigue vigente, ya que pasaba mucha información financiera por nuestras manos. Con esa indemnización pensaba comprarme un mercedes, pero mi madre me convenció para ir a una guerra ( risas) Un deseo que tenía, y así fue. Ya estaba en decadencia la guerra en el Líbano pero me fui a vivir ocho meses a Beirut y después a Jerusalén. Mandaba crónicas a la cadena Ser, Cinco Días, El País…
Corresponsal de guerra en 17 conflictos. Has estado destinado en Bosnia, Afganistán, Ruanda, Beirut, Nicosia, Jerusalén….has pisado 117 países, lo que supone el 47 %de la Tierra. Decía la escritora Susana Fortes haciendo referencia a ti “Dame un misterio y te construiré el mundo” ¿Pero qué historia no has podido contar?
Como periodista y escritor lo he contado todo. Y eso que llevo mucho tiempo en esto. Mi primera oportunidad en el periodismo me la dio un señor que se llamaba Santiago Carrillo. Tenía 17 años y escribía en la revista “Ahora”, un semanario político del partido Comunista.
Lo más importante es tener libertad para hacerlo y así me sentí en Planeta donde estuve veintitrés años escribiendo 30 ensayos y 4 novelas. El único libro que pasó revisión por los abogados de esta editorial fue el de “ONU, historia de la corrupción”. Me hicieron una lista de más de cien preguntas sobre el libro. Me quedaron dos sin contestar que tuve que quitar.
En la portada del Diario “Pueblo” del 5 de Junio de 1982 se podía leer: Arturo Pérez Reverte, primer periodista extranjero en zona de combate. El enviado especial de “Pueblo” entró en las Malvinas. ¿Hasta dónde llegó Eric Frattini en zona de conflicto?
Hasta donde me he arriesgado. He estado en Kunduz, en Kandahar en plena época dura de los combates entre los talibán y las fuerzas estadounidenses, en Nuštar, Vokovar, Srebrenica. He estado en la guerra de Ruanda, Kosovo, Chechenia…Estoy vivo por tener experiencia. Estando en Sarajevo había un fotógrafo – Jordi Pujol- del diario Avui. Llegó y se le explicó que no podía pasar una línea amarilla que había pintada en el suelo del hotel Holiday Inn porque era un paso rasante. A partir de ahí los francotiradores serbios te empezaban a ver la cabeza. Esa misma noche lo mataron, no lleva un buen chaleco antibalas, ni un buen casco…Yugoslavia era lo que llamábamos una guerra barata. Cubrir un conflicto como corresponsal es muy caro. Una botella de agua te cuesta 30 dólares. ¿Qué pasaba? Que muchos periodistas cogían sus propios coches para cubrir una guerra. Ir a Oriente Medio, Irak o Afganistán es muy caro por el desplazamiento, el gasto diario o por pagar información.
Para Ryszard Kapuściński, el sentido de la vida era cruzar continuamente las fronteras entre países y escribir acerca de la miseria en el tercer mundo. Las fronteras a menudo han sido consideradas como algo cualitativamente negativo, que connota cerrazón identitario y antagonismo social. ¿No deberían ser consideradas como condición sine qua non de la vida social y de interacciones entre sociedades?
En la época de Kapuściński existían esas fronteras con el tercer mundo. Ahora ya no. Es que ahora las tienes en muchos sitios en Europa. Estamos en el siglo XXI. Lampedusa, ¿está dentro del tercer mundo o en el primero? Esas fronteras de las que hablaba Kapuściński han cambiado mucho.Los periodistas para ir al tercer mundo no necesitan cogerse un avión a Nairobi, Tanzania u Oriente Medio, lo tienes aquí en Europa.
Las migraciones son una constante en la historia de la humanidad. A lo largo de la historia, las personas han migrado en busca de una vida mejor, huyendo de conflictos o situaciones de inseguridad, o simplemente para encontrar nuevas oportunidades. ¿En qué contexto geográfico e histórico nos encontramos y qué vislumbras en la próxima década?
Vislumbro una situación muy complicada para Europa.Nos hemos dejado comer el terreno por discursos que nos han querido vender y que nos han ocasionado graves problemas. La propia política ha generado esos propios discursos xenófobos contra la inmigración. Estas hablando con un inmigrante. Nací en Lima. Mi padre era italiano, llegó a España en 1964 procedente de América. Toda mi familia tenía pasaportes extranjeros, mis hermanos argentinos y yo peruano. Pero en 1971 Extranjería nos ofreció hacernos españoles y así lo hicimos. Yo era el extranjero en aquella época. Ahora todo ha cambiado, pero vivimos en una sociedad polarizada en la que te autocensuras de pensar a ver qué digo.
Se estima que, a finales de 2024, en el mundo había 123,2 millones de personas desplazadas por la fuerza a causa de persecuciones, conflictos, violaciones a los derechos humanos, ¿De qué depende la continuidad o el retroceso de esta tendencia?
Me parece algo natural, la gente huye. Históricamente los países que tienen que evitar esas migraciones por culpa de conflictos bélicos son los propios que las generan. Europa históricamente ha generado terribles conflictos en la propia África. Las potencias europeas son las que gestaron el origen del conflicto de lo que pasa ahora en Oriente Medio. El plan de partición para Palestina la decidieron Francia y Gran Bretaña y lo que ha generado ese problema. Cuando salí de la corresponsalía en 1993 me preguntaron si el conflicto en Oriente Medio continuaría. Yo les dije que esperaba que no, pero se seguirá cubriendo el conflicto. Jamás dejará de ser un foco de conflicto brutal y atroz porque es cíclico. Oriente Medio es como un tablero de ajedrez donde tú estás jugando una partida vigilando lo que está haciendo Irán. Y al mismo tiempo lo que hace Hezbolá en el sur del Líbano. Y al mismo tiempo viendo que Irán ayuda a grupos cercanos a Hezbolá en Siria. También que Egipto es el gran guardián, y como Jordania, con puntos de estabilidad estratégicos como el Canal de Suez. Todos dependemos de él para entrar en el Mediterráneo. No podemos permitimos que caiga en manos de grupos islamistas. Ni Estados Unidos, ni Rusia ni nadie.

ERIC EN BUNKER DE BAGDAD
Muchos conflictos de cariz etno-político derivan de la tensión entre territorializaciones dominantes y dominadas. Entre las consecuencias está la Apatridia. Una cárcel sin barrotes. ¿Hay algo peor que privarte de tu nacionalidad e identidad?
Tú eres del lugar donde te encuentres seguro. Los pasaportes te funcionan a la hora de poder moverte pero la propia estabilidad debida te la da la seguridad que tú tengas al llegar a un lugar. Recuerdo unas entrevistas a inmigrantes de Ucrania que habían llegado a España por la guerra. Muchos se sentían españoles y ucranianos de sangre. Lo de ser apátrida hace años era un tema interesante pero ahora….yo tengo cuatro pasaportes. La nacionalidad peruana, argentina, española e italiana. ¿De dónde me siento? Español pero por un sentimiento de tranquilidad y paz y porque vivimos en un Estado de bienestar.
¿Se sigue viendo al periodista, al corresponsal, como un observador neutral y no como parte del conflicto?
Ya es difícil porque cada vez es más complicado hacer tu trabajo. Yo viví una época de Oriente Medio en la que tenía en Beirut unas catorce acreditaciones que me permitían acceder a cualquier barrio. Llegué a Israel y recibí cantidad de órdenes de expulsión por violar la normativa de seguridad militar. Había toque de queda en los campos de Gaza y allí me iba porque esa era mi función. Cubría los combates de la Intifada en Yabalia. Ahora es totalmente imposible porque cada vez es más difícil de informar como corresponsal de guerra.
Otro ejemplo. En la guerra de Rusia con Ucrania sólo puedes cubrir el conflicto desde Ucrania porque los rusos no te permiten hacerlo desde Rusia. Pero ni siquiera a los corresponsales que están en Moscú. Cuando estuve cubriendo las guerras entre Croacia y Serbia desde Vukovar, Nuštar, digamos que los periodistas éramos muy pro croatas, principalmente porque los serbios no paraban de bombardear posiciones y poblaciones civiles croatas. Los propios países te impiden acceder a esa información.
De cubrir 17 guerras a retirarte después de estar cubriendo la guerra de la caída del Congo y la guerra de Ruanda…
Venía de cubrir la guerra con la Unidad de Televisión de las Naciones Unidas. En Ruanda estuve cinco meses. Precisamente aquí viví una situación especialmente desagradable. Estuvieron a punto de matarnos en una carretera llegando a Kigali, un control “hutu”. Nos tuvieron cuarenta y cinco minutos con las manos en la cabeza y de rodillas. No sabían qué hacer con nosotros hasta que nos rescató una Unidad militar de Benín. Mi hijo estaba a punto de nacer. En ese momento pensé que esto debería de hacerlo otra gente. Lo cierto es que pensaba retirarme después de la guerra de Ruanda pero en ese momento empezó la guerra del Congo con el derrocamiento de Mobutu en el antiguo Zaire… Si mis bisnietos tienen la mala suerte de dedicarse al periodismo estoy seguro que alguno cubrirá el conflicto de Oriente Medio, ¡si es que llevan desde 1948¡

ERIC FRATTINI EN LA FRANJA DE GAZA 1990
Umberto Eco dijo que la mayor red de información en el Mundo la tiene la iglesia católica. ¿Cómo es posible que el Servicio de Inteligencia del Vaticano sea el que más poder tiene, incluso se hablaba que estaba dirigido por un español?
Porque tiene la mayor red de información montada hace 2025 años. Es que detrás de cada sacerdote, misión o parroquia hay un informador. Y claro que es importante. Vi un informe de los años 80 cuando se desarrollaba la guerra sucia de Estados Unidos en Centroamérica. Un sacerdote de un pueblo de El Salvador informaba a su superior explicando que se había hecho una colecta para comprar tres ovejas para un campesino. Y que en las siguientes semanas no podría dar misa en tal pueblo porque había sido ocupado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) Toda esa información llegaba a las más altas instancias…Durante la época de Ronald Reagan se comenzó a abandonar al tío del sombrero y la gabardina, creyendo que la inteligencia tenía que quedar en manos de satélites. ¡Qué va¡ La buena inteligencia se sigue manteniendo con el espía de gabardina yendo a un café y escondiéndote detrás de un periódico.
Por cierto, has comentado en alguna ocasión que León XIV tiene “un pie en el barro y otro en el mármol” ¿Qué quieres decir con esto?
En mi opinión Francisco dejó una iglesia muy tocada, totalmente polarizada y a punto de un cisma en la iglesia católica. El cardenal Prevost, nacido en Chicago, latinoamericano, peruano por nacionalidad, ha estado cuarenta años en las misiones de este país. De ahí viene lo del barro. Y desde luego, León XIV sabe lo que es pisar en el mármol porque su último cargo antes de ser elegido papa era prefecto de la congregación de los obispos, el que le decía al papa esté y aquél hay que ascenderlos a obispos. Además ha sido asesor de la congregación de las iglesias orientales, por lo que sabe lo que es el diálogo interreligioso que se necesita ahora. Desde luego es el papá que necesita la iglesia católica hoy.
En esa constante búsqueda de retos te encontramos ahora con el Desafío Santalucía Seniors por Perú y el Ártico….
En este último desafío me llevé a cinco seniors ( el más joven tenía 65 años). Queremos mostrar que la longevidad puede ser positiva. Hace poco que he estado en la Antártida, un sitio que constantemente te está diciendo que tú no eres de allí y que te vayas. Espectacular y maravilloso. ¿Sabes dónde se aprecia más el cambio climático? En Groenlandia. La gente que vive allí te lo cuenta muy visualmente: “este glaciar que estaba allí hace unos años ahora está aquí”.
Por Miguel Nuñez Bello
Jeansy Aúz, siempre con la música a otra parte
¿Quién es Jeansy Aúz?
En primer lugar, creo que soy un currante; llevo muchos años en la música y he conseguido vivir de esto. Tengo una hija, cuyo nombre artístico es Ela Brown, y estoy feliz de ver cómo han pasado los años y he alcanzado mis sueños. La respuesta habría sido muy diferente si me preguntas hace un par de años, pero ahora estoy contento, lanzando el proyecto de mi escuela, que es algo que llevaba tiempo intentando. Soy una persona con muchas ganas e ilusión y voy sacando las cosas adelante.
Háblame de tus orígenes.
Mi padre es gallego y mi madre de Haití, mi abuela paterna es mexicana y mi abuelo de Bilbao, y la familia por parte de madre es haitiana. Mi hija Ela es maña y mi mujer, canaria, o sea, que al final somos de todos los sitios. Entonces nos hemos criado con mucha mezcla cultural y, sobre todo, con una mente muy abierta. Es algo muy bueno, puedes conocer mundo y así intentas entender otras culturas. Y me preguntan: “¿Por qué haces esa música tan rara?", bueno, porque mezclo muchas cosas, todo lo que yo he vivido desde pequeño.
¿Cómo entraste en contacto con la música?
El primer contacto fue a través de mi abuela, aunque tenía trece hijos y se dedicaba básicamente a los niños. Mi abuelo era general de Marina y estaba mucho tiempo fuera y, en los tiempos que tenía libres, cuando los hijos se iban haciendo mayores, como estaba aprendiendo a tocar el piano, en casa de mi abuela había uno. Otra de las primeras imágenes que tengo es un equipo de música que había en casa de mis padres, que tenía el típico magnetófono con un vinilo y una pletina de cassette, y yo lo utilizaba para grabar canciones de la radio y hacía mezclas, cortaba cintas, hacía cosas raras, ya intentando componer música, con las músicas ya preexistentes, como Whitney Houston mezclada con un tema de El Fari, experimentando un poco… Cuando ya fui un poco más mayor, empecé a enchufar estos aparatos de mis padres, que a los pobrecitos les tenía locos con tantos cables por el salón, y enchufaba un teclado que tenía. Aunque el primer recuerdo que tengo realmente es un piano de juguete que le regalaron a mi hermana por su comunión y entonces le dije a mi padre que quería aprender música. Me dijo: “Okey, si tú durante un año me demuestras que sigue interesándote, vemos la manera de comprar uno”. Entonces, cada vez que me daban una paga, iba guardando el dinero y se lo iba dando para el piano. Y al final, el primer piano, recuerdo, tengo todavía la factura de mi padre, costó 500.000 pesetas. Mis padres se han volcado, les debo mucho, a mi padre, especialmente. Mi madre, por la perseverancia y los cabreos que se cogía cuando no estudiaba, pero mi padre porque me llevaba al conservatorio. Confiaba mucho en mí.
Pero al final estudiaste Periodismo.
Sí, estudié Periodismo y luego, Comunicación Audiovisual porque mi madre decía: “Vale, vas a estudiar música, pero también tendrás que hacer un trabajo serio”. Mi padre me aconsejó que eligiera algo relacionado de alguna manera con lo que yo quería hacer. Me gustaban las bandas sonoras, el cine, la tele, por lo que elegí las Ciencias de la Información. Pero reconozco que no he sido nunca un buen periodista, porque siempre he querido hacer otra cosa. He trabajado en muchos programas de televisión y revistas, pero con la idea de, en algún momento, hacer música. El periodismo me ha servido a nivel de contactos, para conocer a fondo la televisión en todas sus facetas, las fechas de cierre, de entrega y el compañerismo.
Tú tienes también una gran necesidad de conocer mundo, ¿no? De viajar, de explorar…
Sí, yo tengo un proyecto, “Componer Viajando”, que les gusta mucho a los compañeros. Lo hice por necesidad vital, porque me estaba quedando mustio entre cuatro paredes. Normalmente, nosotros los compositores siempre solemos trabajar solos y es necesario amigarse con esa parte de soledad, pero hubo un momento en que necesité salir, necesitaba vivir para saber qué contar. Tú puedes hacer muy buena música, pero si no sabes contar historias porque no las has vivido, pues entonces esa creatividad se va al traste. Llega la ansiedad, la saturación, no salen las ideas… “Componer Viajando” básicamente es una idea para intentar inspirar a compañeros y compañeras para que entiendan que un compositor o un productor musical no tiene por qué hacer música solo desde un estudio, sino que a veces es necesario salir fuera para generar esa inspiración, para limpiarte la mente y el espíritu y entender que de cara a la composición es necesario vivir cosas y que la música suena mucho mejor cuando viajas, cuando sales del estudio.
¿Qué es lo que te tienes que llevar en la mochila? Un equipo portátil, con material básico, lo mínimo para seguir creando.
Llevo un teclado y un ordenador portátil potente, con librerías de sonido. Empiezas con un piano grande en el conservatorio y luego se reduce. Me llevo también los discos duros que necesito, normalmente dos. En uno llevo los proyectos, películas, series y programas, y, por otro lado, un teclado maestro MIDI, pequeño, y las licencias de los programas, y poco más. Ahora con los Mac Mini, como son tan potentes, se puede ya directamente trabajar con lo mismo que se trabaja en el estudio, y conectarlo a los hoteles o los apartamentos a los que viajes.
¿Alguna anécdota de Componer viajando en algún país exótico?
Me vienen a la cabeza dos anécdotas. La primera, trabajando en la selva de Bali el año pasado, en una cabaña maravillosa, de esas que parecen hechas por inteligencia artificial, de bambú, idílica. Lo tenían todo muy preparado para el turismo, con buena conexión a internet y demás, pero una mañana me levanto para ponerme a trabajar y, de repente, según abro el armario, me encuentro con una serpiente gigantesca, comiéndose un sapo… ¡Qué horror! Tuvo que venir un experto a llevársela, porque podía ser venenosa. Y después del susto, me tuve que poner a componer en calma… Luego, otra fue en Tailandia, en una isla, donde resulta que se me estropea el cargador del portátil y yo tenía que hacer una entrega de unos capítulos de una serie diaria en los que estaba trabajando y al final tuve que coger una moto y conducir durante dos horas hasta la tienda más cercana para comprar un cargador y pagar una barbaridad, pues me costó casi como el ordenador. Y luego volver otras dos horas en moto. También me pasó en Miami, donde nos pilló un huracán y yo te tenía que hacer una entrega en España para un programa, y no podían esperar y entonces tuve que salir justo antes de que empezara el huracán y fuimos a buscar un ordenador, y pudimos comprarlo, pero tuvimos que quedarnos en la tienda, no pudimos volver. Tuve que trabajar desde allí, ¿sabes? O sea, todo muy surrealista. Claro, es mucho más cómodo estar aquí, en el estudio, pero aquí no pasa nada. ¿Qué vas a contar? Esto para mí es inspiración para una escena de acción o tensión. Y eso es lo que creo que alimenta el alma para poder contar historias y que tengan sentido.
Bali, Tailandia, Miami, ¿en qué más países has compuesto música?
He pasado bastante tiempo en Nueva York, vive allí la familia de mi madre. En Canadá también, en Europa, Italia, Francia. Al final, mi mujer es quien hace toda la estructura de los viajes, la que reserva los vuelos y todo. Ella se ríe, porque a veces yo no sé ni a dónde vamos. Singapur, Emiratos Árabes, en Hanoy, en Vietnam, en muchos sitios.
¿Hay algún sitio donde sueñas viajar para componer?
Hombre, yo soy un enamorado de Canarias, aunque sea menos glamuroso, quizá. Ahora compongo mucho desde allí. Para mí, Fuerteventura es el centro básico y estratégico de operaciones. Ahora mismo he montado un estudio allí y, como hay tanta producción que se graba en las islas, pensé en irme allí. Además, mi mujer es canaria, y encima cada vez se están acogiendo más rodajes.
Con tu mujer, la cantante y compositora, Twinyi, compartes pasión por la música y profesión.
Mi mujer tiene una empresa de DJs. Es la sección de música moderna y yo la de clásica. Ella es muy buena letrista y me ayuda mucho. Mi hija Ela también hace música, canta y nos pegamos horas y horas en el estudio y lo disfruto. No suelo trabajar con artistas, pero al ser mi hija, le tengo que enseñar esa parte. Estamos haciendo un disco y le estoy enseñando producción.
Además de la inspiración que te viene de fuera, me imagino que hay inspiración que te sale de dentro también, ¿no? Sensaciones, sentimientos, altibajos.
Claro, como te digo, a veces es necesario estar solo en el estudio. He tenido la suerte de que me den ese talento, no me puedo ir de aquí sin alegrar a la gente o entristecerla, ¿sabes? Lo que sea, pero generar emociones. Porque eso es lo que yo he venido a hacer aquí y estoy en ello, da sentido a la vida para mí.

Jeansy Aúz
¿Y qué retos tienes entre manos y a corto, medio plazo para sacar adelante?
De momento, hasta marzo, abril, voy a estar con una serie protagonizada por el actor turco Can Yaman, que tiene muy buena pinta. Yo estoy ilusionado porque ya he empezado a ver imágenes y me parece brutal lo que están haciendo. Es un trabajo increíble que también está rodado en Canarias, en Tenerife. Por otro lado, como te decía, he lanzado una academia para ayudar a otros compositores a vivir de la música para televisión y plataformas, y eso me ilusiona también muchísimo. Me está quitando mucho tiempo y energía, pero entiendo que es parte del arranque. Y tengo otros proyectos, una peli que creo que lanzarán de cara a abril o mayo.
¿Qué crees que pasaría con tu carrera, y con la de mucha gente, si de pronto ya no hubiera electricidad?
Lo he pensado muchas veces. Tendría que volver a lo que hacía antes en el conservatorio, al piano. Si al final se trata de generar emociones, se puede hacer de muchas formas y hay una cosa que me encanta, no sé dónde lo escuché, pero un creativo no deja de ser un creativo. Entonces puede costar más o menos, pero tú me das una guitarra o dos palos y te saco unos ritmos. Al final acabaría haciendo música de todas maneras.
La IA sí que te preocupa más a lo mejor, ¿no?
Sinceramente, ahora mismo no me preocupa. Me apasiona, me parece brutal lo que está pasando y lo que podemos llegar a hacer. En un principio, es verdad que unos nos metemos en el trabajo de otros, ¿no? Ahora todos podemos utilizarlo en nuestras redes, hacer logotipos de empresa, entre muchas otras cosas. Por un lado, me asusta un poco, pero no porque no vaya a haber más trabajo. Creo que tenemos que estar muy preparados y soy muy friki, me encanta estudiar cosas de IA para ver lo que se puede hacer, creo que hay que aliarse y aprender a utilizar las nuevas herramientas para seguir adelante, por pura supervivencia. Hay que estar al día con la tecnología siempre, si quieres seguir en el medio. Hay que adaptarse, está claro.
Y para acabar, teniendo en cuenta que tú has trabajado como periodista, ¿qué otra pregunta te harías a ti mismo en una entrevista?
Pues, por ejemplo: ¿Cuál es tu hobby? Mi hobby es la música (risas). No, es broma. También me encanta cocinar y me encanta bailar. Por no hablar solo de música, me gusta mucho cocinar; mi padre se pagó la carrera de medicina cocinando. Es verdad, me gustaría aprender a coser, me encanta aprender todas esas cosas. A veces, mi hija se ríe y me dice: "Eres una abuela de Cuenca metida en el cuerpo de un negro". Pero mi gran pasión es la música, emocionar a la gente y seguir componiendo por el mundo.
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Por Sonia Martin

